INTERNET
Y LA PRIVACIDAD
El
fin de la privacidad. “Es como vivir en un mundo en el que constantemente miles
de ojos estén vigilándote”.
Internet
está reduciendo enormemente la privacidad, pudiendo llegar a constituir el fin
de la misma, o por lo menos el fin de la privacidad como la hemos entendido
hasta el momento.
Esta
pérdida de privacidad se está produciendo en dos sentidos diferentes pero que
contribuyen a un mismo fin: un mayor control social.
Por
un lado, se está reduciendo la privacidad de todos los individuos en relación
al resto de individuos, es decir, cada vez todos poseemos más información de
todos, o nos es más fácil acceder a esa información, y más difícil impedir que
otros accedan a información sobre nosotros; incluyendo que los factores
culturales actuales y la evolución que está teniendo nuestra sociedad promueven
que los propios individuos acaben voluntariamente con su privacidad. Se generan
deseos de obtener información privada de otros individuos, y deseos de
compartir la propia información privada con otros individuos; y se normaliza
esta invasión recíproca de la privacidad.
Lo
cual constituye una forma indirecta de destrucción progresiva de la privacidad,
ya que no hay una clara manifestación de que la voluntad sea destruirla, pero
contribuye a ello.
Por
otro, se está reduciendo la privacidad de todos los individuos frente a
diversos mecanismos y sistemas utilizados por diversos grupos, empresas,
“lobbys”, agencias de seguridad, organizaciones, etc.; que utilizan esta
información para el control, manipulación, influencia y vigilancia de los
individuos y de la sociedad en su conjunto, al servicio de intereses
particulares ya sean económicos, sociales y políticos, buscando mayores beneficios,
poder, etc.
Lo
cual constituye una forma directa de destrucción progresiva de la privacidad,
ya que hay una clara manifestación de que la voluntad es destruirla, mediante
el control y vigilancia de nuestras comunicaciones, relaciones, e interacciones
en La Red, aunque para ello se argumente la consecución de otros fines
positivos o la satisfacción de otras necesidades más imperiosas.
Estos
grupos de poder, desean conocer nuestra información privada, aún sin conocernos
a nosotros como personas, solo como números, datos, información; con diversos fines:
publicitarios –ajustar la publicidad de sus empresas a nuestros intereses
mediante el uso de “cookies”, en base a los conocimientos que obtiene de
nosotros la red mediante el uso que hacemos de la misma-, u otros fines
comerciales, estadísticos, ilícitos o ilegales (robos, extorsión,
“ciberataques”...), políticos, de control, de seguridad…
Destacando
el hecho de que se vulnera la privacidad individual principalmente con el
argumento de la necesidad de una mayor seguridad a nivel colectivo, la
necesidad de una mayor vigilancia, siendo el terrorismo el fundamento principal
para esta supervigilancia de los individuos y de su privacidad. Este hecho a su
vez provoca inseguridad en los individuos respecto a su privacidad, tanto
objetivamente en cuanto a que otros conozcan nuestros datos privados y puedan
utilizarlos para un mal fin, como subjetivamente en cuanto al sentimiento de
seguridad como una de las necesidades más básicas del ser humano que debemos
satisfacer.
Al
igual que Internet potencia a niveles hasta ahora desconocidos nuestra
posibilidad de acceder a información sobre otros individuos con la capacidad de
un simple usuario, aún más ha potenciado hasta niveles inimaginables la
posibilidad que tienen estos grupos de poder de acceder a la información, ya
que cuentan con mucha más capacidad y medios para obtenerla.
Ligado
a que estos grupos de poder no solo controlan la red de información que
constituye Internet y sus redes sociales, sino que también controlan otras
dimensiones de la estructura social, tales como: la dirección política de
numerosos países y por tanto las diversas políticas de privacidad, seguridad,
información, protección de datos, etc., los medios de comunicación y sus
campañas de publicidad, las empresas transnacionales y su oferta de bienes y
servicios…
Y
por ello, pueden utilizar el resto de medios y recursos que poseen para obtener
una mayor cantidad de información privada de las personas, lo cual contribuye a
su objetivo de un mayor control de Internet, y por tanto un mayor control de la
sociedad. Así, promueven la asimilación e implantación de un sistema basado en
el control de la población mediante la vigilancia constante de la información y
la manipulación de esta, distorsionando la realidad de tal forma que el
individuo sacrifique su privacidad, principalmente creyendo que así goza de
mayor seguridad. “Gran Hermano”
Con
la existencia de Internet, toda la información presente en la red y en equipos
y dispositivos conectados a ella, es vulnerable en mayor o menor medida, es
decir, no existe ninguna privacidad completamente inviolable. La Red facilita
enormemente que otros individuos puedan
obtener y utilizar datos privados de otros individuos de manera lesiva, ya que
aporta nuevas y cada vez más numerosas vías de acceso a informaciones
privadas, aumentando las “brechas de
seguridad” en toda nuestra información que consideramos que es de ámbito
privado. Además, acumula las distintas informaciones que vamos generando con el
paso del tiempo, y las centraliza y concentra, agrupando los rastros de
información que dejamos en unos y otros lugares de la Red sobre todos los
ámbitos que rodean la vida de la persona.
Y
al poseer información sobre nuestra vida privada, pueden conocer nuestra
conducta y a partir de ella conocer nuestros sentimientos, emociones y
pensamientos; y al comprender un comportamiento, es más fácil influenciarlo y
manipularlo al servicio de unos intereses determinados, teniendo como fin
último el control social.
Este
proceso acelerado de destrucción de la privacidad ha visto su mayor impulso en
la eclosión y ascenso del fenómeno de las redes sociales dentro de la gran red
que constituye Internet, que están consiguiendo que esta desaparición de la
privacidad se produzca de manera que es asimilada por los individuos de manera
voluntaria (es más, el individuo muestra proactividad a la hora de compartir
aspectos relativos a su privacidad), y sin generar conflicto social ni
conflicto personal del individuo consigo mismo en cuanto a que está dejando que
invadan su privacidad, se apropien de ella y la destruyan. Y con ello la
convierten en un derecho carente de valor, anulando la garantía de seguridad
que está nos ha proporcionado a lo largo de toda la evolución humana.
Esta
aceptación voluntaria se produce de dicha forma porque esta pérdida de la
privacidad no se le presenta al individuo como tal, sino como un sacrificio
necesario para obtener otros beneficios, como seguridad colectiva frente a
actos de terrorismo, comodidad, multiplicidad de servicios… Es decir, se
consigue que el individuo vea esta pérdida como algo positivo y como algo
necesario y normalizado, y colectivo, ya que no pierde esta propiedad él solo,
sino que la pierde de forma paralela al resto de individuos, produciéndose una
pérdida de privacidad uniforme y progresiva que va volviéndose inapreciable
para los individuos y disminuyendo la importancia que estos le dan a la misma,
hasta llegando a ser posible la desaparición del derecho a la privacidad como
cuestión y reivindicación social.
Todo
ello, está provocando que cambie el concepto de privacidad y la percepción que
tenemos del mismo. Y este cambio se está traduciendo por un lado en una
depreciación del valor que le otorgamos
cada individuo a nuestra propia privacidad, es decir, la privacidad a nivel
personal; y por otro lado una apreciación del valor que le otorgan determinadas
organizaciones, empresas, grupos, o incluso otros individuos (“hackers”,
“ciberacosadores”,etc.), a esta privacidad de cada individuo, a la información
personal sobre estos, en cuanto al valor que representa a nivel económico,
político y social, la posesión y control de esta información.
Y
en La Red, además de posible se está comprobando que cada vez es más probable
que en numerosas ocasiones otros individuos u organizaciones intenten obtener
información sobre nuestra vida privada, y es muy fácil que nos encontremos con
situaciones que vulneren nuestra privacidad, que expongan información
importante sin ninguna protección, y nos dejen así en un estado de completa
indefensión, el cual produce un sentimiento de inseguridad a la hora de establecer y
desarrollar nuestras relaciones sociales, en relación a la transmisión o no
transmisión de determinadas informaciones.
Es
decir, La Red ha generado que estas situaciones que podrían tratarse de hechos
puntuales se vuelvan una constante, motivando que esta inseguridad,
interrelacionada con otros factores como una excesiva información sobre las
otras personas y viceversa, o la desconfianza que puede generar que no se trate
de una relación física, impida el desarrollo satisfactorio de las relaciones
sociales humanas. Y esto se manifiesta en el establecimiento de relaciones
sociales con escasa o defectuosa vinculación.
Y
muchas veces esos deseos de obtener y compartir información pueden convertirse
en una necesidad, llegando a ser patológico. Esta se manifiesta en un acceso
continuado y obsesivo a nuestra información, a nuestra vida privada y a
determinados aspectos de la misma, o a la de otros individuos. Por lo tanto es
una necesidad que puede ser tanto del individuo con su propia vida privada,
como con la vida privada de otros individuos.
Esto
conlleva la aparición de numerosos trastornos psicológicos de origen cultural
que surgen en las relaciones sociales establecidas en La Red, por conflictos interpersonales en cuanto a la
privacidad, la inseguridad, el control, la imagen virtual y social, etc.
Hecho
que se produce cada vez con mayor frecuencia por la influencia que las redes
sociales ejercen sobre los individuos y por la incorrecta utilización de las
mismas, así como por el abuso de su utilización (como ocurre con los “fans”,
casos de “ciberbulling”, “grooming”. Etc.).
A
esto se le añade, el que la información se comparte con personas anónimas, muchas
veces desconocidas completamente por el usuario, pero que tienen libre acceso a
información privada que publicamos en nuestras redes sociales ya que cada vez
tenemos menos en cuenta las mínimas medidas de privacidad que nos son más
accesibles, a la par de que cada vez compartimos más información privada
intencionadamente tanto con personas conocidas como desconocidas, quitándole la
importancia que debería tener a la privacidad de determinados datos
relacionados con nuestra vida.
En
cuanto a nivel personal, esta menor privacidad solo puede tener como aspecto
positivo el que la información compartida a nivel socio-emocional por otras
personas en cuanto a sus experiencias vitales, sentimientos, emociones,
interpretaciones, etc., puedan servirnos de utilidad en nuestro propio
desarrollo personal y social, en las relaciones y comunicación con otros
individuos.
En
la sociedad de la información, la información es lo más importante, y la
información privada es la información más importante, ya que la posesión de
esta información otorga un gran poder que de utilizarse de forma desviada
tendría consecuencias desastrosas para la sociedad y para los individuos.
Ya
que, si se produce un monopolio de la información, la privacidad habrá
desaparecido en su totalidad, y al estar la información completa y
continuamente vigilada, podrá ser manipulada libremente, por lo que la realidad
estará tan distorsionada, que la realidad que vivamos será de todo menos real,
y bajo esta dominación y control se anulará la personalidad del hombre, y se
destruirá su libertad.
“La información es poder.” “El poder es desviación.” “Y la desviación de
poder es humana.”
A
todas estas conclusiones sobre la privacidad y La Red, se podrían añadir
innumerables reflexiones más, dada la importancia y actualidad de este fenómeno
y la repercusión que tienen sus enormes cambios en todas las dimensiones de la
vida de los individuos y en la sociedad en su conjunto.
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