miércoles, 22 de abril de 2015

INTERNET Y LA PRIVACIDAD

El fin de la privacidad. “Es como vivir en un mundo en el que constantemente miles de ojos estén vigilándote”.

Internet está reduciendo enormemente la privacidad, pudiendo llegar a constituir el fin de la misma, o por lo menos el fin de la privacidad como la hemos entendido hasta el momento.

Esta pérdida de privacidad se está produciendo en dos sentidos diferentes pero que contribuyen a un mismo fin: un mayor control social.

Por un lado, se está reduciendo la privacidad de todos los individuos en relación al resto de individuos, es decir, cada vez todos poseemos más información de todos, o nos es más fácil acceder a esa información, y más difícil impedir que otros accedan a información sobre nosotros; incluyendo que los factores culturales actuales y la evolución que está teniendo nuestra sociedad promueven que los propios individuos acaben voluntariamente con su privacidad. Se generan deseos de obtener información privada de otros individuos, y deseos de compartir la propia información privada con otros individuos; y se normaliza esta invasión recíproca de la privacidad.

Lo cual constituye una forma indirecta de destrucción progresiva de la privacidad, ya que no hay una clara manifestación de que la voluntad sea destruirla, pero contribuye a ello.

Por otro, se está reduciendo la privacidad de todos los individuos frente a diversos mecanismos y sistemas utilizados por diversos grupos, empresas, “lobbys”, agencias de seguridad, organizaciones, etc.; que utilizan esta información para el control, manipulación, influencia y vigilancia de los individuos y de la sociedad en su conjunto, al servicio de intereses particulares ya sean económicos, sociales y políticos, buscando mayores beneficios, poder, etc.

Lo cual constituye una forma directa de destrucción progresiva de la privacidad, ya que hay una clara manifestación de que la voluntad es destruirla, mediante el control y vigilancia de nuestras comunicaciones, relaciones, e interacciones en La Red, aunque para ello se argumente la consecución de otros fines positivos o la satisfacción de otras necesidades más imperiosas.

Estos grupos de poder, desean conocer nuestra información privada, aún sin conocernos a nosotros como personas, solo como números, datos, información; con diversos fines: publicitarios –ajustar la publicidad de sus empresas a nuestros intereses mediante el uso de “cookies”, en base a los conocimientos que obtiene de nosotros la red mediante el uso que hacemos de la misma-, u otros fines comerciales, estadísticos, ilícitos o ilegales (robos, extorsión, “ciberataques”...), políticos, de control, de seguridad…

Destacando el hecho de que se vulnera la privacidad individual principalmente con el argumento de la necesidad de una mayor seguridad a nivel colectivo, la necesidad de una mayor vigilancia, siendo el terrorismo el fundamento principal para esta supervigilancia de los individuos y de su privacidad. Este hecho a su vez provoca inseguridad en los individuos respecto a su privacidad, tanto objetivamente en cuanto a que otros conozcan nuestros datos privados y puedan utilizarlos para un mal fin, como subjetivamente en cuanto al sentimiento de seguridad como una de las necesidades más básicas del ser humano que debemos satisfacer.

Al igual que Internet potencia a niveles hasta ahora desconocidos nuestra posibilidad de acceder a información sobre otros individuos con la capacidad de un simple usuario, aún más ha potenciado hasta niveles inimaginables la posibilidad que tienen estos grupos de poder de acceder a la información, ya que cuentan con mucha más capacidad y medios para obtenerla.

Ligado a que estos grupos de poder no solo controlan la red de información que constituye Internet y sus redes sociales, sino que también controlan otras dimensiones de la estructura social, tales como: la dirección política de numerosos países y por tanto las diversas políticas de privacidad, seguridad, información, protección de datos, etc., los medios de comunicación y sus campañas de publicidad, las empresas transnacionales y su oferta de bienes y servicios…

Y por ello, pueden utilizar el resto de medios y recursos que poseen para obtener una mayor cantidad de información privada de las personas, lo cual contribuye a su objetivo de un mayor control de Internet, y por tanto un mayor control de la sociedad. Así, promueven la asimilación e implantación de un sistema basado en el control de la población mediante la vigilancia constante de la información y la manipulación de esta, distorsionando la realidad de tal forma que el individuo sacrifique su privacidad, principalmente creyendo que así goza de mayor seguridad. “Gran Hermano”

Con la existencia de Internet, toda la información presente en la red y en equipos y dispositivos conectados a ella, es vulnerable en mayor o menor medida, es decir, no existe ninguna privacidad completamente inviolable. La Red facilita enormemente  que otros individuos puedan obtener y utilizar datos privados de otros individuos de manera lesiva, ya que aporta nuevas y cada vez más numerosas vías de acceso a informaciones privadas,  aumentando las “brechas de seguridad” en toda nuestra información que consideramos que es de ámbito privado. Además, acumula las distintas informaciones que vamos generando con el paso del tiempo, y las centraliza y concentra, agrupando los rastros de información que dejamos en unos y otros lugares de la Red sobre todos los ámbitos que rodean la vida de la persona.

Y al poseer información sobre nuestra vida privada, pueden conocer nuestra conducta y a partir de ella conocer nuestros sentimientos, emociones y pensamientos; y al comprender un comportamiento, es más fácil influenciarlo y manipularlo al servicio de unos intereses determinados, teniendo como fin último el control social.

Este proceso acelerado de destrucción de la privacidad ha visto su mayor impulso en la eclosión y ascenso del fenómeno de las redes sociales dentro de la gran red que constituye Internet, que están consiguiendo que esta desaparición de la privacidad se produzca de manera que es asimilada por los individuos de manera voluntaria (es más, el individuo muestra proactividad a la hora de compartir aspectos relativos a su privacidad), y sin generar conflicto social ni conflicto personal del individuo consigo mismo en cuanto a que está dejando que invadan su privacidad, se apropien de ella y la destruyan. Y con ello la convierten en un derecho carente de valor, anulando la garantía de seguridad que está nos ha proporcionado a lo largo de toda la evolución humana.

Esta aceptación voluntaria se produce de dicha forma porque esta pérdida de la privacidad no se le presenta al individuo como tal, sino como un sacrificio necesario para obtener otros beneficios, como seguridad colectiva frente a actos de terrorismo, comodidad, multiplicidad de servicios… Es decir, se consigue que el individuo vea esta pérdida como algo positivo y como algo necesario y normalizado, y colectivo, ya que no pierde esta propiedad él solo, sino que la pierde de forma paralela al resto de individuos, produciéndose una pérdida de privacidad uniforme y progresiva que va volviéndose inapreciable para los individuos y disminuyendo la importancia que estos le dan a la misma, hasta llegando a ser posible la desaparición del derecho a la privacidad como cuestión y reivindicación social.

Todo ello, está provocando que cambie el concepto de privacidad y la percepción que tenemos del mismo. Y este cambio se está traduciendo por un lado en una depreciación del valor que  le otorgamos cada individuo a nuestra propia privacidad, es decir, la privacidad a nivel personal; y por otro lado una apreciación del valor que le otorgan determinadas organizaciones, empresas, grupos, o incluso otros individuos (“hackers”, “ciberacosadores”,etc.), a esta privacidad de cada individuo, a la información personal sobre estos, en cuanto al valor que representa a nivel económico, político y social, la posesión y control de esta información.

Y en La Red, además de posible se está comprobando que cada vez es más probable que en numerosas ocasiones otros individuos u organizaciones intenten obtener información sobre nuestra vida privada, y es muy fácil que nos encontremos con situaciones que vulneren nuestra privacidad, que expongan información importante sin ninguna protección, y nos dejen así en un estado de completa indefensión, el cual produce un sentimiento de  inseguridad a la hora de establecer y desarrollar nuestras relaciones sociales, en relación a la transmisión o no transmisión de determinadas informaciones.

Es decir, La Red ha generado que estas situaciones que podrían tratarse de hechos puntuales se vuelvan una constante, motivando que esta inseguridad, interrelacionada con otros factores como una excesiva información sobre las otras personas y viceversa, o la desconfianza que puede generar que no se trate de una relación física, impida el desarrollo satisfactorio de las relaciones sociales humanas. Y esto se manifiesta en el establecimiento de relaciones sociales con escasa o defectuosa vinculación.

Y muchas veces esos deseos de obtener y compartir información pueden convertirse en una necesidad, llegando a ser patológico. Esta se manifiesta en un acceso continuado y obsesivo a nuestra información, a nuestra vida privada y a determinados aspectos de la misma, o a la de otros individuos. Por lo tanto es una necesidad que puede ser tanto del individuo con su propia vida privada, como con la vida privada de otros individuos.

Esto conlleva la aparición de numerosos trastornos psicológicos de origen cultural que surgen en las relaciones sociales establecidas en La Red,  por conflictos interpersonales en cuanto a la privacidad, la inseguridad, el control, la imagen virtual y social, etc.

Hecho que se produce cada vez con mayor frecuencia por la influencia que las redes sociales ejercen sobre los individuos y por la incorrecta utilización de las mismas, así como por el abuso de su utilización (como ocurre con los “fans”, casos de “ciberbulling”, “grooming”. Etc.).

A esto se le añade, el que la información se comparte con personas anónimas, muchas veces desconocidas completamente por el usuario, pero que tienen libre acceso a información privada que publicamos en nuestras redes sociales ya que cada vez tenemos menos en cuenta las mínimas medidas de privacidad que nos son más accesibles, a la par de que cada vez compartimos más información privada intencionadamente tanto con personas conocidas como desconocidas, quitándole la importancia que debería tener a la privacidad de determinados datos relacionados con nuestra vida.

En cuanto a nivel personal, esta menor privacidad solo puede tener como aspecto positivo el que la información compartida a nivel socio-emocional por otras personas en cuanto a sus experiencias vitales, sentimientos, emociones, interpretaciones, etc., puedan servirnos de utilidad en nuestro propio desarrollo personal y social, en las relaciones y comunicación con otros individuos.

En la sociedad de la información, la información es lo más importante, y la información privada es la información más importante, ya que la posesión de esta información otorga un gran poder que de utilizarse de forma desviada tendría consecuencias desastrosas para la sociedad y para los individuos.

Ya que, si se produce un monopolio de la información, la privacidad habrá desaparecido en su totalidad, y al estar la información completa y continuamente vigilada, podrá ser manipulada libremente, por lo que la realidad estará tan distorsionada, que la realidad que vivamos será de todo menos real, y bajo esta dominación y control se anulará la personalidad del hombre, y se destruirá su libertad.

“La información es poder.”  “El poder es desviación.” “Y la desviación de poder es humana.”


A todas estas conclusiones sobre la privacidad y La Red, se podrían añadir innumerables reflexiones más, dada la importancia y actualidad de este fenómeno y la repercusión que tienen sus enormes cambios en todas las dimensiones de la vida de los individuos y en la sociedad en su conjunto.

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